Lancha rápida – Renata Adler

Da la impresión de que en cualquier grupo de dos o más alguien está siendo juzgado. En ocasiones más de una persona está siendo juzgada. En ocasiones todos lo están. Pero no por mucho tiempo. Según la ley, una persona puede ser acusada de planear sola o tramar sola, pero no de conspirar sola. Hay otras cosas, por supuesto, que nadie puede hacer solo: ser una mafia o un coro o un regimiento. O fugarse con un amante“.

Lancha rápida - Renata Adler2

Confieso que el párrafo me parece “que tiene su punto” pero confieso también que leí este libro como quien atraviesa una calle en la que no encuentra nada que le llame la atención. Leí el posfacio de Guy Trebay antes, durante y después de la lectura de Lancha rápida, por si me estaba despistando, pero ni por esas.

Voy a hacer referencia a la crítica de Marta Peirano publicada en eldiario.es, Una pequeña joya modernista, porque creo que refleja muy bien lo que yo me siento incapaz de describir:

Lancha rápida es el relato fragmentario en primera persona de la periodista Jen Fain, que describe con ácida lucidez lo que significa ser una escritora en la escena literaria del Nueva York de los años 70, en plena efervescencia anti-Vietnam y Watergate. El ritmo es no lineal, un collage de situaciones y personajes descritos con precisión de cirujano, como esas fiestas en las que “algunos invitados, en un delirio de antipatía y aburrimiento, bebían hasta el extremo de desear estar juntos”.

Renata Adler fotografiada por Richard Avedon

Renata Adler fotografiada por Richard Avedon

Dicen también en su solapa que “de las cenizas del sueño libertario y hippie de los sesenta surgen la desorientación y el vértigo que en Lancha rápida no solo funcionan como el trasfondo de la novela (y de la época), sino que se convierten en la forma misma de la narración, una narración acelerada, nerviosa, discontinua. (…) Es hasta cierto punto una canción para tiempos convulsos, una polifonía estresada construida con las estrategias propias del disc-jockey, un texto que se delantó varias décadas a la escritura telegráfica e impaciente que vemos en Twitter, Facebook o los correos electrónicos y que rige nuestros tiempos”.

Más que en Twitter o en Facebook a mí el libro me parece estar formado por entradas de un blog inconexo, un blog con muchas y muy diversas categorías.

De lo que no me cabe duda es del interés del personaje. Mujer valiente y lúcida, Renata Adler tuvo las agallas para enfrentarse a todo aquello que le pareció merecedor de sus críticas. Ese valor merece sin duda alguna toda mi admiración y respeto.

Renata Adler - ilustración

Quizás algún día regrese las páginas de Lancha rápida y sea capaz de encontrar los tesoros de los que hablan los que alaban su magnífica y original prosa.

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